El pasado martes 6 de marzo, con todo en contra y media ciudad pendiente de un partido de futbol de la liga de Campeones, tuve la suerte de asistir en Madrid, junto con Daniel, uno de mis socios en deiser, a un evento para emprendedores organizado por Emzingo en el espacio HUBMadrid. Puede que uno más de las decenas que se producen en la actualidad, pero interesante por su formato y enriquecedor por lo que ofreció. Hacía tiempo que nos habíamos apuntado a este modelo que nos pareció novedoso, la micromecena: pagas 10 euros, tienes derecho a una sencilla cena y a un voto. ¿Para Qué? Para dárselo a la iniciativa de emprendimiento que más te guste de las cinco que se expliquen durante la sesión. 7 minutos para cada iniciativa y un turno adicional de resumen y aclaraciones.  La idea más votada se lleva toda la recaudación de la velada a modo de sencillo premio que no les va a cambiar la vida pero sí un reconocimiento que moralmente ayuda muchísimo.

Cuando la serendipia se pone al servicio de la casualidad.

Lo cierto es que parece que estaba destinado a ir a estas #micromecenas. Hace dos meses le propuse a mi socio Daniel Luengo acudir a este evento porque parecía interesante; las reuniones de emprendedores siempre te sirven de algo: para conocer gente, para intercambiar ideas, para recargar tus baterías emocionales, para ver que hay mucha gente joven con ganas e iniciativa…. Nos apuntamos.  Pero mientras, en twitter Iñaki Arrola mencionó en un tuit una iniciativa que me atrapó: Se llamaba Emzingo, emprendimiento social y se habían propuesto llegar a 50.000 dólares de financiación via crowdfunding para poder continuar su labor de creación de escuelas de emprendimiento en zonas deprimidas. No lo dudé. Participé, aporte una cantidad y traté de poner mi grano de arena animando en twitter a todo el mundo a participar. A dos días de la fecha límite, faltaban aún 23.000 dólares. Milagrosamente, casi dos días después, la cifra mágica se alcanzó. Es curioso el grado de satisfacción que te corre por el cuerpo al sentirte una pequeña parte de ese logro. A raíz de eso, entré en contacto con Pablo Esteves, una de las claves de Emzingo y nos emplazamos para conocernos y saber más de nosotros. La casualidad (¿o no fue así?) quiso que Pablo contactase conmigo porque habían organizado las #micromecenas y le gustaría que diese una pequeña charla a las empresas que se presentaban. Por supuesto, Pablo no sabía que yo ya estaba apuntado desde hace mucho tiempo. El círculo se había cerrado. Yo tenía que estar en las micromecenas de una manera u otra. Unos minutos para compartir ilusiones.

Lo cierto es que para mi es una responsabilidad enorme. Tengo ya 48 años y una empresa a mis espaldas con 15 años, que aguanta el temporal de estos malos tiempos, pero que en ningún caso me creo con méritos suficientes para ser ‘el inspirador’ de toda esta gente. Por tanto, un orgullo tremendo y mi enorme agradecimiento a Pablo.

Al final acudimos. Un espacio para emprender y compartir ideas. Muchísima gente joven. Doblaba en edad a la gran mayoría de la gente y eso es una inmensa alegría. Alegría por ver cómo hay gente que tiene ganas, ideas, y capacidad para arrancar iniciativas que provoquen el cambio, iniciativas con carga social, solidarias. Un espacio que te empuja a dar ese paso que muchas personas tienen sólo en la cabeza, y que probablemente sea el germen de una gran empresa. Lo único que hice fue transmitirles mi apoyo, mis deseos de que todas las ideas salgan adelante, de que creen empresas comprometidas, en las que ganar dinero sea posible, pero no la única razón, que contribuyan al cambio de nuestra sociedad y que estén abiertas a este nuevo mundo donde la tecnología y la capacidad de encontrar gente como nosotros abre un camino de inmensas posibilidades: sociales, laborales, económicas…. Lo bueno de dar estas charlas es que no hay que prepararlas, salen de dentro. Son ‘de verdad’. Al menos en mi caso. Como les dije a ellos, y a pesar de crisis, problemas, dudas y situaciones complicadas, sólo les deseo que cuando tengan mi edad se sigan levantando todos los días feliz de ir a trabajar a la empresa que crearon, como yo lo llevo haciendo desde hace 15 años. Ya solo eso merece recorrer el camino. Os lo aseguro. Todas las iniciativas tenían un componente social, todas tenían su interés. Algunas, además, con un gran nivel en la estructura de su presentación; otras, llenas de energía y ganas. Todas, meritorias del premio final. Aunque sólo una pudo llevárselo. En un país donde el dominio del inglés es una asignatura pendiente, resultó reconfortante como todos los aspirantes dedicaron automáticamente unos minutos para explicar en dicha lengua su iniciativa a un grupo de personas de Kuwait que, por sorpresa, se presentaron en HUBMadrid. Todo un síntoma de esa nueva mentalidad que empieza a florecer en muchos jóvenes talentos. Por supuesto, no quiero dejar de mencionar las cinco iniciativas e invitar a todo el mundo a ver sus ideas y propuestas: TODAS interesantes y TODAS merecedoras de apoyo: Pizink (la ganadora), Entrenamiento.com, PathfinderApp, Transportemos y Reciclaje Incentivado. ¡Bravo por todos ellos!

Seguro que volveremos. Quizás, aunque no tengamos su edad, ofrezcamos nuestras nuevas ideas. O quizás presentemos alguna iniciativa, otra más, para arrancar alguna nueva aventura. ¿Verdad Daniel? Para terminar quiero dar las gracias a Pablo Esteves y Emzingo por contar conmigo y por la oportunidad de transmitir mi ilusión a una nueva generación de futuros empresarios. A HUB Madrid por la organización. Y, sobre todo, a las cinco ideas que se presentaron y que demostraron que hay talento, mucho talento y, por encima de todo, pasión y ganas de abordar nuevos retos. Nota adicional.

Las fotografías mostradas tanto en la cabecera del post como a lo largo del mismo han sido extraídas de la página de Facebook de HUB Madrid. Se pueden ver aquí todas las que se realizaron. Gracias por su publicación.