Me encanta ver cómo, desde diferentes perspectivas, el que más y el que menos se sube al carro del agilismo como una oportunidad única de justificar su trabajo. Hay para todos:

- Las consultoras que defendían a ultranza la aplicación de PMBOK sin quitarle una tilde, y que ahora resulta que son el paradigma de la flexibilidad.

  • Los que nunca supieron gestionar un equipo y ahora se alivian pensando que el equipo se autogestiona. - Los que nunca quisieron hablar con sus clientes y ahora achacan el fracaso de sus proyectos por la falta de implicación de éstos.

  • Los que se acostaron metodólogos y se levantaron scrum masters.

- Los gerentes que ayer querían hojas de métricas de imputación de horas para imputarlas a un proyecto estimado a 2 años vista como única forma de garantizar el éxito bipartito, y ahora venden contratos ágiles hasta a los vecinos del bloque.

- Los desarrolladores que mantienen un caos en sus repositorios de código por no haber visto una práctica de gestión de la configuración ni en el mejor de sus trances, y ahora explican que dicho caos es fruto de la adaptabilidad que han ido haciendo de sus repositorios a las necesidades que iban surgiendo en cada commit.

- Los jefes de proyecto que nunca gestionaron requisitos, y ahora explican que “siempre han tenido el product backlog en la cabeza”.

  • Los que nunca supieron planificar y ahora dicen que tenían razón, que el Project no sirve para nada.
  • Los que se tiran todo el día apagando fuegos y ahora dicen que *introducen dinamismo en el WIP de su Kanban

...¡etceeeeeeetera!

Y es que marcos como Scrum han sido la excusa perfecta para el que no hacía absolutamente nada. Y ahora, que siguen sin hacer nada, dicen que hacen Scrum. ¡Qué bien!

Pero esto, ¿a qué se debe? Pues a que un día alguien tomando café les contó manifiesto ágil, y ellos que lejos de analizarlo y, menos aun comprenderlo, se quedaron con la copla de… > …“eso parece que mola: colaboración, adaptación, poca documentación, el equipo mismo con su turismo… ¡justo lo que llevo haciendo yo años!”

…y resulta que, en última instancia, el que no hace nada, hace Scrum. Señores, un poco de seriedad. No seamos oportunistas y nos subamos al carro del agilismo al bajo coste de reunirnos de pie 10 minutos por las mañanas…

Scrum es un marco de referencia ligero que no implica que usted no deba gestionar, priorizar y repriorizar sus requisitos; que no deba planificar la disponibilidad de sus recursos a lo largo de los sprints; que no deba probar su software; que no deba garantizar una integración constante del software en la rama de producción; que no deba velar por la calidad de su código; que no deba hacer un seguimiento de sus defectos; que no deba gestionar sus riesgos y oportunidades; que no deba documentar lo necesario del software que está construyendo; que no deba medir la velocidad y capacidad del equipo en base a indicadores realistas; que no deba mantener una comunicación fluida con sus usuarios; y que no deba hacer un seguimiento y control del avance del desarrollo incluso dentro de cada iteración. Entre otras muchas cosas. Que por definición: > Ser ágil es más difícil que no serlo, nunca más fácil; la agilidad implica maestría.

¿Hace usted todo esto? Si la respuesta es afirmativa, no se preocupe demasiado por ponerle un nombre a lo que usted hace. En caso contrario, le recomiendo que comience a hacerlo y que continúe después haciéndolo cada vez de una manera más ágil.