Si, consultor. Y como tal, estoy acostumbrado a divertirme –no lo voy a negar– con toda la colección de tópicos que orbita alrededor de esta figura. Y es que es innegable que cierto segmento del sector de la consultoría, de la mano de ciertos puestos de gerencia comercial, ha hecho mucho daño a la profesión. Tiburones con piel de Armani enfundados en sus trajes con la corbata bien prieta y maletín entrepretado a los que no les tiembla el pulso a la hora de venderte un ciclomotor de segunda mano lleno de accesorios Plug&Play a precio de Harley Davidson y, encima, con ampliación de garantía. ¿Significa eso que todos los consultores y comerciales salimos de la misma fábrica?. Ni mucho menos.

Tiburones con piel de Armani enfundados en sus trajes con la corbata bien prieta y maletín entrepretado a los que no les tiembla el pulso a la hora de venderte un ciclomotor de segunda mano...

Cuando tienes la suerte de creer en el producto que ofreces; cuando tratas a tus clientes UNO a UNO y entiendes que lo que le funcionó a uno puede significar el más absoluto fracaso en otro; cuando antepones tus principios a una "tajada" en forma de bolsa de horas; y más importante, cuando trabajas en una empresa en la que trabajar así es la única forma en que se concibe trabajar, el desempeño del rol de consultor cobra sentido. Un consultor acompaña, asesora, regaña, orienta, induce, propone, sugiere y, sobre todo, APRENDE.

Detectarás que estás enfrente de un buen consultor cuando te mire a los ojos y te diga que no cree que dedicar 10 jornadas a conseguir un alineamiento al 100% con determinado requisito de negocio sea lo más honesto, y te proponga una vía alternativa en la que en 1 jornada pueda conseguir “solo” el 95%. En serio, aunque parezca mentira, muchos consultores son capaces de embarcar en un buen problema al cliente por ese 5% extra de facturación. Sin embargo, detectarás que estás frente a un fraude cuando escuches frases lapidarias del tipo “este software cubre de sobra tus expectativas actuales y futuras…” ya que, para bien o para mal, no existe a día de hoy tal cosa. Tampoco es de fiar el que presuma de la coletilla “senior”, la cual se añade al cargo por el mero hecho de instalarse una versión trial del producto que se esté representando. Y si uno tiene cara de niño, pues se deja barba de dos días y listo. Y como iba diciendo, soy consultor. Dicen por ahí que un buen consultor no es el que impone una solución –casualmente, ¡la suya!– a un cliente, sino el que le plantea las preguntas adecuadas para llegar a una solución consensuada; por un lado gracias al aporte de la visión de amplio espectro del consultor, y por otro con el conocimiento de la viabilidad y posibilidades de aplicabilidad en su entorno por parte del cliente. > Un buen consultor no es el que impone una solución –casualmente, ¡la suya!– a un cliente, sino el que le plantea las preguntas adecuadas.

Así que si eres de los que piensan que todos los consultores tenemos un juego de rodilleras en el maletín, lamento decirte que estás en un error. Afortunadamente, mis principios y mi empresa me obligan a ser, por encima de todo, honesto con mis clientes. Si, soy consultor. E intento, día a día, que sea en el mejor sentido de la palabra.