Que hay indicios en todo el mundo que aventuran un cambio profundo en la sociedad, cada vez parece más claro. A pesar de tener a veces la sensación de estar inmersos en un agujero negro aquí en España, lo cierto es que en todo el mundo se dan a conocer iniciativas, acciones, proyectos y manifestaciones que nos dan un rayo de esperanza para cambiar muchas cosas. Y escribo estas líneas porque esta semana he podido comprobar uno de estos indicios dentro de la propia comunidad de Atlassian. Las empresas que vendemos y ofrecemos nuestros servicios relacionados con esta compañía, los Atlassian Experts (nombre un poco especial para lo que todo el mundo conoce como partner), disponemos de una zona de colaboración, El Expert Space.

Es una especie de foro que usamos para muchas cosas: para los anuncios que previamente realiza Atlassian sobre productos, noticias y webinars, para poder comunicarnos entre nosotros de una manera racional y organizada, para lanzar ideas que puedan ser debatidas y comentadas por los cientos de Experts que formamos esta comunidad, etcétera. Uno de los Experts más importantes de Atlassian es Seibert Media, empresa alemana dirigida por un brillantísimo profesional, Martin Seibert. Martin es bien conocido en el mundo Atlassian por su continua participación y presencia tanto en esta comunidad como en los eventos organizados por Atlassian en todo el mundo. Aún recuerdan muchos de ellos, el extraordinario trabajo que tanto él como su empresa realizó en el primer AtlasCamp europeo, haciendo de maestro de ceremonias e invitando a todos los asistentes a conocer el entorno, organizando una fiesta, etcétera. Todo un personaje del que se puede aprender mucho. Rechazar una operación de venta por el tipo de cliente

El caso es que esta semana, mientras revisaba todas las propuestas e ideas dentro del Expert Space, me fijé en algo que sucedió hace algunas semanas y que, debido a la gran cantidad de trabajo acumulado estos días, no vi en su momento. De repente, me encontré con esta ‘idea’ o ‘reflexión’ que Martin compartía con todos nosotros:

Para quien tenga problemas con el inglés, el párrafo más o menos dice: ‘Acabamos de rechazar una operación con una compañía militar, que fabrica armas. Hoy en día es una de las empresas líderes en el mundo en el suministro de armamento. ¿cómo actuáis con este tipo de compañías? ¿Se trata sólo de un fenómeno alemán sentirse incómodo con estas industrias y rechazar las operaciones?’

El debate quedaba abierto. Quienes conocemos a Martin sabemos que no se trata de una ‘pose’ o una manera de ‘dar la nota’. Su última intervención en la reunión de Colonia fue un alegato contra los descuentos indiscriminados y a favor de la competencia por calidad en el servicio y no por precio. Lo dicho, todo un personaje. Si ya resulta interesante el planteamiento, sin entrar en una posible exacerbación que pueda conducir a no realizar negocios con muchas industrias, hay un dato adicional que le da mucho más interés a su intervención.

La decisión se sometió a la votación de los empleados. De hecho, Martin publicó la página, en alemán, donde se reflejaban los resultados:

In an internal poll if we should work directly for military companies (like the one that creates guided missiles) 29 people voted for "no" and 6 voted for "yes" and 2 said they "don't care". So it's not black and white either with us: http://screencast.com/t/X2gJdTyWuD Difícil elección, pero interesante discusión.

¿Qué harías tú? En este caso se trata de un doble debate: el primero es establecer un listón ético que establezca aquellas empresas que, por diferentes motivos, se pueden considerar dudosas en su comportamiento, en sus formas o en los bienes que produce. Tampoco es extraño ver este comportamiento: Muchas personas deciden no comprar productos de determinadas compañías por estos motivos: la manipulación de animales vivos, la explotación de niños, el maltrato de sus trabajadores, etcétera. Lo novedoso es que la decisión la tome una empresa en relación a otra. Esto obliga también a actuar bajo unos rígidos principios éticos. Interesante, y esperanzador. El segundo debate es aún más aleccionador. No sólo se plantea la idoneidad de la operación, sino que la decisión se expone a la votación de los empleados. Más interesante aún, la empresa considera que la acción es lo suficientemente importante y éticamente discutible como para buscar el consenso de los trabajadores. Sana envidia y un ejemplo a seguir.

Muy sana. En un mundo que ha ido deshumanizándose y estableciendo unas diferencias y barreras cada vez mayores, a pesar de la globalización actual, resulta refrescante y esperanzador ver que aún es posible participar mínimamente en hacerlo diferente, hacerlo mejor. No hace falta irse a este ejemplo para darse cuenta que hay situaciones que muchas empresas soportamos y que, desgraciadamente, debemos aceptar porque pueden acarrear consecuencias negativas que afecten al rumbo futuro. Pero ver que se puede hacer, y que hay ejemplos que seguir, demuestra que nada es imposible. Una gota en el océano, un grano de arena en el desierto, pero al fin y al cabo un hilo de esperanza. Frente a declaraciones formales pero vacías, frente a discursos artificiales, frente a políticas de Responsabilidad Social Corporativa huecas y acartonadas, las actitudes vitales de personas más corrientes, más sencillas, más anónimas, como Martin, dejan una huella mucho más indeleble.  Al menos en mí. Muchas gracias a todos por seguirnos.